Sobre la Ciencia

julio 27, 2011

Tan pronto como apeláis al socorro de la fe cristiana o de la
metafísica, allí donde una ciencia cesa, perdéis la fuerza del heroísmo,
y vuestra capacidad científica se ve profundamente rebajada. Ya no
escucháis su elevado acento. Os volvéis fríos y os sentís paralizados;
ya no os sacrificáis. De aquí el triste aspecto del “sabio”; ha perdido la
grandeza de los últimos fines; ya no va hasta el fin, sino que se
arrodilla y se arroja en brazos de la Iglesia, o del Gobierno o de la
opinión pública, o de la poesía o de la música. “Necesita” aquella
renunciación.
Tratados filosóficos.

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De la amistad

julio 26, 2011

Cuando nos trasformamos radicalmente, nuestros amigos, los
que no se han trasformado, se convierten en los fantasmas de nuestro
propio pasado; su voz resuena en nuestros oídos como si viniera de la
región de las sombras, como si nos oyésemos a nosotros mismos, más
jóvenes, pero más duros y menos maduros.

Humano, demasiado humano.
Friedrich Nietzsche

Soy mal público para mi memoria.
Quiere que continuamente escuche su voz,
y yo no dejo de moverme, carraspeo,
escucho y no escucho,
salgo, regreso y vuelvo a salir.

Quiere ocupar mi atención y mi cuerpo por completo.
Cuando duermo le resulta fácil.
De día, depende, y eso le molesta un poco.

Me desliza insistente antiguas cartas, fotografías,
trata hechos importantes, y sin importancia,
pone la mirada en paisajes inadvertidos,
los puebla con mis muertos.

En sus historias siempre soy más joven.
Es agradable, sólo que para qué seguir insistiendo en eso.
Los espejos me dicen otra cosa.

Se enfurece cuando me encojo de hombros.
Y, vengativa, me echa en cara todos mis errores,
graves, luego fácilmente olvidados.
Me mira a los ojos, espera a ver qué digo.
Al final me consuela con que pudo haber sido peor.

Quiere que viva ya sólo con ella y para ella.
De preferencia en una habitación oscura y cerrada,
y en mis planes hay siempre un sol presente,
nubes actuales, caminos en curso.

A veces estoy harto de su compañía.
Le propongo separarnos. Desde hoy y para siempre.
Entonces sonríe compasiva,
pues sabe que para mi también sería una condena.

Wislawa Szymborska

Este miedo de ti, de mí… de todo,
miedo de lo sabido y lo entrevisto,
temor a lo esperado y lo imprevisto,
congoja ante la nube y ante el lodo.

Déjame estar. Así. ¿No te incomodo?…
Abajo ya es la noche, y hoy has visto
cómo acerca el temor: aún me resisto
pero me lleva a ti de extraño modo.

Déjate estar. No luches: está escrito.
Desde lejos nos llega, como un grito
o como un lerdo vértigo rugiente.

Me darás lo más dulce y más amargo:
una breve alegría, un llanto largo…
sé que voy al dolor. Inútilmente.

Secrets

marzo 13, 2011

Hi ha secrets que
dolen, tan si et lliguen com
si t’alliberen.

Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,
y también muchos dioses en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, otra.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,
quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla
y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,
me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,
me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.

Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó
de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía.

Wislawa Szymborska
“Si acaso” 1978 Versión de Gerardo Beltrán

G. Les Executions

febrero 23, 2011

Y dijo Dios: que haya muerte entre vosotros, y así fue. Nosotros obedecimos, obedecimos fielmente, hicimos lo que fue ordenado por Dios.
Comenzamos a darnos la muerte, uno a otro, comenzamos a nombrar las cosas falsas, comenzamos la cháchara.
¿O es que acaso hubo alguien a quién le importó más? He aquí, por tanto, nuestra razón de ser, nuestra vida, la propia, la justificada con el coraje del séptimo día, sobre la tumba, la tumba en la que aún podemos cavar.
Fue en realidad muy pronto que preferimos cualquier carnicería a regresar a nuestro hogar y permanecer sin movimiento, mudos y distantes. Pronto cualquier carnicería nos resultó más agradable. Y así comenzamos a ser como los ciego que conducen a otros ciegos; los gritos de la victoria se confundieron con los llantos de nuestras derrotas.
Pero, más allá, seguimos escuchando el continuo rumor de un mismo pánico, el único sin culpa. ¿A qué obedecieron, entonces, sus quejas? ¿Qué reclamaron tantas madres?
Todo iba bien. Todos se acercaban a la necesaria ley divina.
El silencio llegó después. Nosotros, los que obedecimos, los obedientes sufrimos la distancia del padre y nos separamos de nosotros mismos.
Nos hicimos posibilidad: así hubo otras masacres, las llamadas ejecuciones.
El error de Dios contemplado por Dios en silencio, nuevamente. El silencio que llegó después.
Porque nosotros, quienes respiramos con nuestro hilo de voz, una voz exhausta bajo los cueros que desbordan las tumbas, aún rezábamos: “Que nada sea, que ya ocurrió, que ya ocurrió”. Y así fue de nuevo. LA lluvia no puede arrastrar el fango y el sacrificio ha sido otra vez dejado atrás. Todos volvimos a danzar en el medio de este olor de humanidad y lengua.

Amor Verdadero

febrero 9, 2011

Amor verdadero.
¿Es normal, es serio, es práctico?
¿De qué le sirven al mundo dos personas
que viven en un mundo propio?

Colocados en el mismo pedestal por razones nada buenas,
escogidos al azar entre millones,
pero convencidos de que tenía que ocurrir: ¿Para recompensar qué?
Nada.
La luz desciende de ninguna parte.
¿Por qué sobre esos dos y no sobre otros?
¿No ofende a la justicia? Sí.
¿No perturba nuestros principios concienzudamente erigidos,
y arroja la moral al abismo? Sí, las dos cosas.

Mira la pareja feliz.
¿No pueden al menos tratar de ocultarlo,
fingir un poco de depresión por el bien de sus amigos?
Escucha cómo se ríen: es un insulto.
El lenguaje que usan: engañosamente clara.
Y sus pequeñas celebraciones, rituales,
las elaboradas rutinas mutuas:
¡es obviamente un complot contra la raza humana!

Es difícil saber adónde llegarían las cosas
si la gente empezase a seguir su ejemplo.
¿Qué podrían esperar la religión y la poesía?
¿Qué sería recordado? ¿A qué se renunciaría?
¿Quién querría permanecer dentro de ciertos límites?

Amor verdadero. ¿Realmente es necesario?
El tacto y el sentido común nos dicen que lo pasemos por alto en silencio, como un escándalo en las altas esferas.
Niños perfectos nacen sin su ayuda.
No podría poblar el planeta ni en un millón de años,
pues aparece raramente.

Deja que la gente que nunca encuentra el amor verdadero
siga diciendo que semejante cosa no existe.

Su fe les hará mas fácil vivir y morir.

Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?

Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.

No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.

Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.

Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.

Primavera inabordable

noviembre 7, 2010

Oh, primavera inabordable y sin final,
Inabordable y sin final como los sueños.
Te reconozco, vida. Te asumo.
Y bajo el tintineo de broqueles te saludo.

Yo te acojo, mala suerte,
Y doy mi bienvenida a los aciertos
Pues no hay nada oprobioso en los encantados
Paisajes del llanto, ni en el misterio de la ventana,

Asumo las discusiones que desvelan
La madrugada en las oscuras cortinas de la ventana,
Para que la encantadora primavera
Excite mis miradas dilatadas.

Asumo las aldeas desérticas
Y los pozos de las ciudades terrenales,
La diáfana extensión de los cielos
y la candidez de los trabajos serviles.

Yo salgo, vida, a tu encuentro en el umbral
Con los cabellos rizados por el viento impetuoso
Y el enigmático nombre de Dios
En los labios fríos y apretados…

Ante la hostilidad de este encuentro
Siempre me defiendo,
Tú nunca eres accesible
¡Y el sueño embriagador se nos escapa!

Y miro y sospecho esta hostilidad,
Odiando, maldiciendo y amando:
Por el suplicio, por la muerte,
Pero de todas formas yo te asumo, vida!

Aleksandr Blok