¡Aymé!

julio 30, 2011

Y sabías amar, y eras prudente,
y era la primavera y eras bueno,
y estaba el cielo azul, resplandeciente.

Y besabas mis manos con dulzura,
y mirabas mis ojos con tus ojos,
que mordían a veces de amargura.

Y yo pasaba como el mismo hielo…
Yo pasaba sin ver en dónde estaba
ni el cruel infierno ni el amable cielo.

Yo no sentía nada… En el vacío
vagaba con el alma condenada
a mi dolor satánico y sombrío.

Y te dejé marchar calladamente,
a ti, que amar sabías y eras bueno,
y eras dulce, magnánimo y prudente.

Toda palabra en ruego te fue poca,
pero el dolor cerraba mis oídos…
Ah, estaba el alma como dura roca.

Alfonsina Storni

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Sobre la Ciencia

julio 27, 2011

Tan pronto como apeláis al socorro de la fe cristiana o de la
metafísica, allí donde una ciencia cesa, perdéis la fuerza del heroísmo,
y vuestra capacidad científica se ve profundamente rebajada. Ya no
escucháis su elevado acento. Os volvéis fríos y os sentís paralizados;
ya no os sacrificáis. De aquí el triste aspecto del “sabio”; ha perdido la
grandeza de los últimos fines; ya no va hasta el fin, sino que se
arrodilla y se arroja en brazos de la Iglesia, o del Gobierno o de la
opinión pública, o de la poesía o de la música. “Necesita” aquella
renunciación.
Tratados filosóficos.

De la amistad

julio 26, 2011

Cuando nos trasformamos radicalmente, nuestros amigos, los
que no se han trasformado, se convierten en los fantasmas de nuestro
propio pasado; su voz resuena en nuestros oídos como si viniera de la
región de las sombras, como si nos oyésemos a nosotros mismos, más
jóvenes, pero más duros y menos maduros.

Humano, demasiado humano.
Friedrich Nietzsche