Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,
y también muchos dioses en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, otra.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,
quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla
y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,
me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,
me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.

Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó
de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía.

Wislawa Szymborska
“Si acaso” 1978 Versión de Gerardo Beltrán

G. Les Executions

febrero 23, 2011

Y dijo Dios: que haya muerte entre vosotros, y así fue. Nosotros obedecimos, obedecimos fielmente, hicimos lo que fue ordenado por Dios.
Comenzamos a darnos la muerte, uno a otro, comenzamos a nombrar las cosas falsas, comenzamos la cháchara.
¿O es que acaso hubo alguien a quién le importó más? He aquí, por tanto, nuestra razón de ser, nuestra vida, la propia, la justificada con el coraje del séptimo día, sobre la tumba, la tumba en la que aún podemos cavar.
Fue en realidad muy pronto que preferimos cualquier carnicería a regresar a nuestro hogar y permanecer sin movimiento, mudos y distantes. Pronto cualquier carnicería nos resultó más agradable. Y así comenzamos a ser como los ciego que conducen a otros ciegos; los gritos de la victoria se confundieron con los llantos de nuestras derrotas.
Pero, más allá, seguimos escuchando el continuo rumor de un mismo pánico, el único sin culpa. ¿A qué obedecieron, entonces, sus quejas? ¿Qué reclamaron tantas madres?
Todo iba bien. Todos se acercaban a la necesaria ley divina.
El silencio llegó después. Nosotros, los que obedecimos, los obedientes sufrimos la distancia del padre y nos separamos de nosotros mismos.
Nos hicimos posibilidad: así hubo otras masacres, las llamadas ejecuciones.
El error de Dios contemplado por Dios en silencio, nuevamente. El silencio que llegó después.
Porque nosotros, quienes respiramos con nuestro hilo de voz, una voz exhausta bajo los cueros que desbordan las tumbas, aún rezábamos: “Que nada sea, que ya ocurrió, que ya ocurrió”. Y así fue de nuevo. LA lluvia no puede arrastrar el fango y el sacrificio ha sido otra vez dejado atrás. Todos volvimos a danzar en el medio de este olor de humanidad y lengua.

Amor Verdadero

febrero 9, 2011

Amor verdadero.
¿Es normal, es serio, es práctico?
¿De qué le sirven al mundo dos personas
que viven en un mundo propio?

Colocados en el mismo pedestal por razones nada buenas,
escogidos al azar entre millones,
pero convencidos de que tenía que ocurrir: ¿Para recompensar qué?
Nada.
La luz desciende de ninguna parte.
¿Por qué sobre esos dos y no sobre otros?
¿No ofende a la justicia? Sí.
¿No perturba nuestros principios concienzudamente erigidos,
y arroja la moral al abismo? Sí, las dos cosas.

Mira la pareja feliz.
¿No pueden al menos tratar de ocultarlo,
fingir un poco de depresión por el bien de sus amigos?
Escucha cómo se ríen: es un insulto.
El lenguaje que usan: engañosamente clara.
Y sus pequeñas celebraciones, rituales,
las elaboradas rutinas mutuas:
¡es obviamente un complot contra la raza humana!

Es difícil saber adónde llegarían las cosas
si la gente empezase a seguir su ejemplo.
¿Qué podrían esperar la religión y la poesía?
¿Qué sería recordado? ¿A qué se renunciaría?
¿Quién querría permanecer dentro de ciertos límites?

Amor verdadero. ¿Realmente es necesario?
El tacto y el sentido común nos dicen que lo pasemos por alto en silencio, como un escándalo en las altas esferas.
Niños perfectos nacen sin su ayuda.
No podría poblar el planeta ni en un millón de años,
pues aparece raramente.

Deja que la gente que nunca encuentra el amor verdadero
siga diciendo que semejante cosa no existe.

Su fe les hará mas fácil vivir y morir.